miércoles 5 de agosto de 2009

Coreografía


Espirales surcadas en busca del punto de equilibrio
Movimientos cuasi espasmos
Afloran las emociones sin materia gris
Sin presunciones, con un diálogo
O monólogo,
tu alter ego de corcheas y semifusas
marca el ritmo del silencio:
Pum, puuum, pum, puuum, pum
Al suelo sin caer,
Renaces con la levedad del ser
Que se desploma y resurge
Sucesiones vitales
Condensadas en minutos
En las que el peso que aprisiona
y ahoga lo natural
desliza sus manos impotentes
por el cristal que observa.

miércoles 8 de julio de 2009

Tres días con la familia


Dicen que detrás de un gran hombre se esconde una gran mujer. Eso no lo sé. Lo que sí me ha confirmado la directora novel, Mar Coll, es que detrás de la sobriedad de un título se esconde una obra empática y de una gran calidad técnica.

Mi descubrimiento de esta joven promesa no fue en una sala de cine al uso, si no en un aula durante la jornada de puertas abiertas de la escuela que le vio dar sus primeros, la ESCAC. Al finalizar la charla, uno de sus profesores nos mostró el corto "La última polaroid" realizado por una de sus alumnas, Mar Coll. Tras la proyección nos confesó, en “petit comité”, que su recién estrenado largometraje, "Tres días con la familia" sonaba con fuerza entre las posibles premiadas en la última edición del Festival de Málaga.

El corto mostraba la despedida de dos amigas de la infancia, impregnando cada escena con el que más tarde se constataría como su sello de identidad: enfoques inusuales -que se alejan, se desenfocan o son intencionadamente tenues para reflejar la emoción de sus personajes-, y un uso más que acertado de las piezas musicales.

Con estos antecedentes, no podía dejar pasar la oportunidad de ir a ver su ópera prima. El primer “impacto” fue comprobar que estaba en catalán, sin subtítulos, pero al momento recordé una entrevista que le hicieron a su directora en la que explicaba los motivos de una decisión nada caprichosa. Coll argumentaba que en la calidad del doblaje podía perderse gran parte de la esencia de la obra y de la idiosincrasia de la burguesía catalana.

Tres días con la familia, nos acerca a la intensidad del tiempo vivido con nuestros parientes cuando uno de los nuestros muere. En la primera escena, aparecen dos de los personajes principales, Lea(Nausicaa Bonnin) y su padre(Eduard Fernández), de camino al tanatorio donde se encuentra el difunto abuelo. En el trayecto, ya se deja entrever como los problemas personales de ambos van a solapar la tragedia familiar.

La secuencia del tanatorio es tan real como la vida misma. El goteo de familiares que se ven de año en año se va sucediendo, cada uno con una relación más o menos fría con el fallecido. Para casi todos ellos, era el abuelo o padre de alta alcurnia, distante y frío. Una escena significativa, es cuando la madre de Lea propone que se marchen a Gerona a tomar algo y aquello deriva en una fiesta que elimina todo resquicio de drama.

A medida que transcurren los minutos, nos damos cuenta de que el verdadero problema no está en la muerte, si no en las realidades que deja al descubierto. Unos hijos distanciados de su padre, algunos incluso como Virginia, la más pequeña, que no pisaba su hogar desde hacía 25 años, y cuyos recuerdos de infancia habían sido fuente de inspiración para su primera novela.

En el otro eje de la historia se encuentra Lea y sus padres. Lea está en plena crisis existencial: duda en dejar su carrera de aeronaútica por montar un bar con su novio francés Sebastian, pero éste no quiere comprometerse. Y a sus quebraderos de cabeza, se suma la relación de sus padres, que pese a estar divorciados desde hace dos años, no terminan de asumir la situación.


jueves 2 de julio de 2009

P.R.E.D.E.S.T.I.N.A.C.I.Ó.N

Partidaria de escuchar
riéndome en silencio de la
estupidez de entonación pensada.
Diálogos sin silencios cómodos
escondiendo una de mil caras
siendo sin ser o siendo mejor
teórica de casi todo
ilustrada de la nada
Nada.
Alerta
como tú,
inquietos en nuestro propio yo
olvidando ser conscientes,
nacemos.

martes 16 de junio de 2009

Fermé la bouche

Toca callar,
mi impotencia de quien habla por hablar
toca entender,
las cadenas de reciprocidad.
"Cambio berborrea por efectividad"
Acepto.
"Cambio imprudencia por simpatía de verdulera"
Acepto.
Hay que volver a ser niños e ingenuos
para entender un mundo de valores patas arriba,
rebautizados de diplomacia y éxito.

jueves 21 de mayo de 2009

Colapso

Por temer, temía hasta al papel
deslumbrada por su uniformidad blancuzca
incrédula de su capacidad
de absorver el caos vital.

¡Ordenar es para funcionarios!
para meticulosos que fustigan sus cerebros
o para quienes les haga feliz.
¡Infelices!

Pero el orden no es su clave
es luz con sombra
neblina que disipa
el horizonte
caminando sin pausa sobre un mar precipitado.

Sin enemigos, asume el papel
sin lugar a dudas, la comen
sin problemas, los saca de la manga
y sin querer, de vuelta al epicentro.

miércoles 25 de marzo de 2009






sábado 21 de marzo de 2009

Los abrazos rotos


Si se empieza una película lo importante es terminarla. Esta máxima es la frase final de Los abrazos rotos y la clave de la trayectoria de Almodóvar: obras redondas, perfectamente hiladas, con finales entreabiertos.

Todo sobre mi madre marcó un punto de inflexión hacia una nueva etapa en su cine. El realismo descarado, sin pelos en la lengua, retrato de una sociedad hipócrita que intenta esconder a toda costa sus trapos sucios y demás síntomas de una doble moral, no lo abandona pero se transfoma. La explicación del cambio puede deberse a una necesidad de huír de los tópicos a los que ha estado asociado desde sus inicios: gays, trasvestis, drogas, la movida. Ahí radica su genialidad, poder contar historias con el mismo grado de profundidad, sin importar cuales sean sus personajes o los espacios elegidos para sus escenas.

Los Abrazos rotos recoge los logros de la evolución de un artista, que sigue milimetrando los detalles en cada película, sin sentirse respaldado por su propio éxito como desafortunadamente ha hecho Woody Allen en "Vicky, Cristina, Barcelona", donde su mayor riesgo debió ser la elección de la maqueta de un grupo catalán desconocido, que se convirtió en la canción principal y que es difícil de dejar de canturrear después de verla.


Pero Los Abrazos rotos, son un grito incombustible, con diálogos mordaces y golpes de humor fulminantes. No hay resquicio para la trivialidad y el hacer por hacer. Los actores articulan un guión al que no se le podría añadir ni una mísera coma y tanto principales como secundarios convierten sus intervenciones en piezas irremplazables. Creo que después de ver esta película se disipan las dudas acerca del merecido óscar de Penélope Cruz.